✍ Daniel Zubieta Olivera

Es Yaya Touré-sponsabilidad cuando apenas empieza un partido clave y te sorprenden con un gol de camerino por una desconcentración infantil, pues ninguna fase de Champions League debe tomársela a chiste, ni que fueras un Buffon, queriendo emular después las mil y un tapadas del gran Gigi, en el “Teatro de los Sueños” u Old Trafford del Manchester United o el Santiago Bernabéu del Madrid.

¡Bienvenido, Akan-ji es el alto nivel de la pasión de multitudes! Porque estos encuentros paralizan el mundo y a cientos de millones de aficionados, quienes así sea martes o miércoles, días de actividad laboral, se dan modos para verlos, aunque sea un breve momento, sobre todo a sus equipos favoritos de la vida. Y Serguéi (Ignashévich) o Marica (Ciprian) no te priva de la magia de la Liga de Campeones.

Por eso, es de muy Mal-o Gusto que cuando acontece esta situación adversa y todo se pone cuesta arriba, un entrenador de trayectoria se ponga a experimentar ideas sin sentido y esquemas de juego improductivos para ver Zidan-e o no dan, dejando en el banquillo a su mejor elemento goleador en su intento de demostrar autoridad, que a la postre solo apesta a inseguridad. ¡No! ¡Que pruebe con otro Gattuso!

Tic-tac, tic-tac…apuran el tiempo las agujas del reloj y marcan el minuto 75 del Lanzini de semifinales del máximo torneo de fútbol mundial a nivel de clubes europeos. No cambia la tónica, parece Przemysław; es decir complicado de dar la vuelta al asunto.

El resultado sigue 0-1 a favor del rival que sólo fue más efectivo en comparación con el equipo que bajo las órdenes del estratega encaprichado y Estupiñán en su postura, ataca, ataca y domina el partido infructuosamente.

La pantalla gigante refleja el minuto 80, y con ello el eco de tibias murmuraciones de: “vergüenza”, “eliminación”, “fracaso” … ¿Quién resuelve esto? Cuando la única alternativa a la de tu ariete que espera su oportunidad, sería el propio Gokú, siendo lo más cercano a él, solo en su pronunciación, Doku (Jérémy) o el histórico holandés Cocu (Phillip), que, para lamento de las desesperadas aspiraciones del momento, el primero es ‘citizens’ y el otro ya disfruta hace rato de su merecido retiro.

El gol que hasta entonces hace prevalecer la victoria del equipo contrario lo había marcado un singular, paradójico y Rakitić futbolista, de nombre Gordon, que por momentos hace recordar al movedizo y flaco inglés Anthony, fichaje culé, tras el Mundial concelebrado entre México, Estados Unidos y Canadá este 2026.

Minuto 87 y el nombre de aquel hombre comienza a resonar en todo el estadio, y como si hubiera sido testigo de una epifanía, el entrenador terco, desesperado y ruborizado se acerca a su ayudante de campo y le dice: “A-yase, en este instante Yamal-o al centro de la cancha y que caliente rápidamente, veremos qué hace”.

Así que, si estás en aprietos, solo mira al cielo y Di-Allo para que Dio-mandé de refuerzo a su mejor Guerrero. El único requisito es que seas Cristiano para que, aunque estés en la congeladora hace Messi medio, demuestres que en pocos minutos no sólo tendrás tiempo para hacer el Mbappé [1-1] y remontar [1-2] el partido, Tranquillo Barnetta y así hasta la meta, sino hacer que a tus rivales al solo verte les dé mal de Pato por el pánico escénico, aprieten el Ro-sický y a su vez Elano, y se hagan pis y Kaká. Entonces, ya sabes, si te hace falta el gol, Yama-al ‘Bicho’ o a Khvicha, quien también es otra cabra-Kvaratskhelia, y luego a por un merecido festejo lleno de Roon (Marten), Vini-to y gaz-Pacho, todo al Cubo.

✍🏽 El autor es Comunicador Social, escritor y amante del deporte: Daniel Zubieta Olivera